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Me interesa indagar sobre la temática del etiquetamiento como forma de discriminación social hacia las minorías. Las etiquetas — por ejemplo: lesbiana, gay, musulmán, negro— tienen una única definición y, por lo tanto, encasillan a las personas en categorías cerradas e inamovibles. La experiencia me demostró que estas categorías crean confines mucho más estrechos de los que uno desearía para sí mismo. Y, por esta razón, en mi obra busco rescatar la individualidad y mostrar que nos relacionamos con la mayoría de las personas a partir de preconceptos. Generalmente, en las relaciones interpersonales nos centramos en detalles y, sólo después, terminamos por mirar a los ojos. Juzgamos al otro a partir del conocimiento previo: vestimenta, trabajo, formas de expresión, postura, clase social y demás signos externos. Y si es alguien de quien nos hablaron, lo que opera como etiqueta es la información que nos dieron.
El etiquetamiento reduce la identidad de la persona a su actividad. Con esta mirada, no importa cómo se accedió a un trabajo, tampoco si hubo que pisar varias cabezas para tener un puesto socialmente prestigioso. En cambio, hay personas muy nobles —con buenos principios— que no tienen una función admirada por la sociedad.
Las etiquetas fueron importantes en los años 60, ya que permitieron que la gente expresara su identidad sin velos, con la cabeza alta. Pero ahora esas mismas categorías separan en lugar de unir.
En mi serie de retratos, despojé a las imágenes de cualquier tipo de etiqueta, para que el espectador se encuentre, cara a cara, con estas representaciones sin ningún soporte previo que condicione la mirada. Y descubrí algo muy curioso: al pintar sólo la boca, los ojos y la nariz, muchas veces, resulta difícil distinguir si se trata de un hombre o de una mujer. Es complicado, también, percibir quién es la persona representada. Por ejemplo, hice un retrato de una princesita coreana junto a una pintura del rostro de un hombre cuyo cuerpo estaba absolutamente cortado, sin embargo las imágenes de los rostros ocultaban esas marcas exteriores. Mostraba más nobleza —me refiero a belleza interior— el que no estudió y estaba tajeado. Pero cuando uno se encuentra con estas personas, no percibe esa nobleza porque se detiene en el contexto, en los cortes.
Al pintar los retratos (todos representan a personas que viven) quise investigar qué pasaba cuando quitábamos todo lo superfluo. Y así encontrar la belleza y la nobleza oculta por el prejuicio. Con el tratamiento monocromático, busqué una democratización en la representación de estas personas. La discriminación, por el contrario, consiste en separar a los individuos artificialmente, con límites precisos y características que se pueden tipificar fácilmente.
En la Galería Braga Menéndez, presentaré Shadow of Doubt, una filmación cuya temática es la doble identidad. Este video muestra una selección de imágenes de rostros filmados sobre los retratos pintados. Se crea una imagen muy singular: una nueva fisonomía que muta constantemente. También se expondrá The Song I Love to, un video que filme en las calles de Italia, Argentina y New York. Le pregunté a la gente —de distintas edades, nacionalidades y condiciones sociales— cuál era su canción de amor preferida y luego le pedí que mirara a la cámara por unos segundos. Filmé a cada uno con la música de la canción elegida y así la educación sentimental de las distintas personas ocupó un primer plano. Es muy interesante ver la actitud de la gente frente a la cámara: a veces la canción elegida por el personaje confirma el esteriotipo que habíamos construido y, en otros casos, resulta imprevisible. Este video se exhibirá simultáneamente en la Galería Braga Menéndez (Buenos Aires), en Fac, Fundación de Arte Contemporáneo (Montevideo), en La Tessitura (Como) y en Eastern Alliance 3 - Teledivision Show, en el National Museum of Contemporary Art (Bucarest). Una experiencia cosmopolita.

conversacion con sebastiano mauri by marina oybin, exhibition text 2006