asas

La serie de pinturas que compone esta muestra es el resultado de una evidente obsesión de Sebastiano Mauri que lo ha llevado a persistir por al menos dos años en un tema y un procedimiento casi invariantes.
No es la primera vez que los rostros aparecen en su pintura. De hecho, éstos últimos trabajos pueden pensarse como una continuación, reelaboración o desarrollo de las máscaras de los años 2000–2001.
Sin embargo, no es el retrato lo que le interesa, las particularidades de la persona, su idiosincrasia, no cuentan. De ahí el largo, preciso y meditado procedimiento del que se vale para deshacerse poco a poco de la presencia concreta del individuo que está en el origen del cuadro. Su labor parece estar determinada por la búsqueda de una especie de modelo abstracto.
Por lo demás, su particular empleo de una técnica que cuenta con una larga tradición, parece remitir por igual al lenguaje del renacimiento y al de la publicidad.
El proceso comienza con un retrato fotográfico de alguna persona de su  entorno que sirve, por un lado, en forma de diapositiva, para transferir la imagen a la tela y, por el otro, como copia en papel, a modo de referencia en la ejecución de la pintura.
Una base de color plano al óleo sirve como fondo en la construcción de una imagen que sutiles capas de color irán haciendo surgir sobre la tela.
Ojos, nariz y boca que se diluyen contra ese fondo son todo lo que importa. Si bien se respetan las relaciones de proporción entre las diversas partes del rostro, que en última instancia permiten reconocer al modelo original, los volúmenes se simplifican al máximo y todo se reduce al modo en el que la luz incide sobre éstos (no es casual que Sebastiano tenga como referencia la obra de Georges de la Tour).
Estas pinturas en algo recuerdan, al final, a las viejas grisallas de los pintores clásicos.
Existe otro aspecto destacable en estos trabajos. El formato regular, cuadrado, de la misma medida, permite agruparlos de acuerdo con múltiples criterios que no serán nunca definitivos.
Me interesa hacer notar una consecuencia entre las tantas que tiene esta última característica de la obra de Sebastiano. Las relaciones que se establecen entre los personajes de los distintos módulos, sus similitudes y diferencias, tanto en color, posición, sexo, raza o edad, sugieren una composición sutil, que algo tiene de musical, hecha de mínimas,casi imperceptibles variaciones, tremendamente abstracta y que revela una dimensión que no parece desacertado llamar mística. Como si el conjunto pusiera de relieve un aspecto presente pero velado en los cuadros tomados de manera individual. 

sebastiano mauri en braga menendez schuster by mariano lastiri, exhibition text 2004